Una multitud de personas nos dimos cita en el principal auditorio de México (el Auditorio Nacional), con el propósito de escuchar la conferencia que daría el XIV Dalai Lama.
Si bien desde el instante en el que apareció en el escenario SS Tenzin Gyatso, tuve una sensación inefable que fue creciendo a lo largo de su exposición, ello no era debido solo a sus palabras, sino a algo que estaba mucho más allá.
Era una conexión de energía-consciencia que ocurría a nivel del Ser y que surgía de su sola presencia cuya corporeidad emanaba la irradiancia de Avalokiteshvara (conocido como Chenrezig en tibetano). El bodhisattva supremo de la compasión infinita en el budismo. Guía que encarna el amor y la ayuda desinteresada de todos los budas cuyo voto sagrado fue no descansar hasta salvar a cada ser del ciclo del dolor y el renacimiento.
Solo al finalizar aquel evento pude empezar a hacerme verdaderamente consciente del efecto que aquella experiencia había tenido en mí.
A pesar de no haber estado en una ceremonia privada, sino apenas habiendo sido un espectador -y no de las filas más cercanas, sino de alrededor de la parte media ubicada a varias decenas de metros del escenario- y como parte de una inmensa colectividad, experimenté una conexión que trascendía la distancia, el espacio y el tiempo.
Fuera de mi cuerpo -desde otra dimensión- (pero a la vez como alrededor de mi propio cuerpo en una realidad expandida), observaba como el Dalai Lama se levantaba de su asiento y se retiraba. Igualmente las personas en el recinto empezaron a levantarse de sus respectivos asientos y a caminar por los pasillos dirigiéndose hacia las salidas de la forma más natural.
En medio de aquella marea de personas en movimiento yo, en un estado atemporal extático y de total silencio interno, no podía moverme pues no sentía conexión alguna con mi cuerpo.
Al observarlo y volverme consciente de ello no sentí ni angustia ni prisa, sino que permanecí en el mismo estado de paz atemporal en el que me encontraba y del que hubiera preferido no tener que regresar nunca.
De pronto tomé conciencia de que mi compañera quien se encontraba a mi lado, ya empezaba a manifestar síntomas de extrañeza por mi inmovilidad y por mi profundo vínculo de amor hacia ella, me sentí impulsado a regresar al tiempo y al cuerpo.
Tal cual como se describe ocurre en las llamadas "Experiencias Cercanas a la Muerte" (ECM) en las que debido al afecto (apego), las personas sienten el llamado y regresan a su cuerpo para continuar al lado de sus seres queridos.
གྲོལ་བ
Como parte de la muy compleja secuencia de eventos y encuentros que se abrieron producto de la experiencia energética de acceso a vidas pasadas que años atrás había tenido, mantuve durante muchos años una muy estrecha y profunda relación de amistad con Don Antonio Velasco Piña.
Cierto día conversando en su despacho, al respecto de la fotografía que él tenía frente a su escritorio, en la que él aparecía con el Dalai Lama en una ceremonia privada de Khata, le hice mención de mi experiencia personal expresándole que, gracias a ella, en alguna medida creía poder entender lo que le había sucedido en aquella ocasión años atrás en la que él, cumpliendo con la encomienda que le fue asignada de fungir como el primer representante del Tíbet en México, le correspondió encabezar la recepción y organización de la visita del Dalai Lama, así como las dos ceremonias que se llevaron a cabo. Una ecuménica en la catedral metropolitana de la CDMX, y otra en Teotihuacán (1989).
A esta segunda ceremonia -que era fundamental para él por la encomienda que le fué asignada, asociada a la custodia del conocimiento entregado para la reactivación piramidal del continente americano, y muy en particular en dicha ciudad sagrada-, no le fue posible asistir debido al profundo estado alterado de consciencia que le provocó la ceremonia de khata, que incluso durante la noche, le produjo muy elevada fiebre corporal.
Dicha ceremonia privada ocurrió justo un día antes de la activación que -presidida por el Dalai Lama-, realizaron lamas tibetanos junto con grupos representantes de la mexicanidad, colocados ambos en la cima de la pirámide del Sol.
Fue el contacto con la irradiancia de inmensa bondad y sabiduría de Avalokiteshvara, lo que hizo posible que, más allá del cuerpo, -el testigo- pudiera presenciar desde un plano trascendente, la profunda y milenaria ceremonia de retorno de "la estafeta energético-espiritual" al continente americano.
Una muy avanzada tecnología espiritual
que utilizada con plena consciencia permite
Romper la cárcel lunar



