Puerta Estelar
En su momento él se presentaría con el nombre de Adaesuz y me haría entrega de múltiples revelaciones, entre ellas sobre:
- Andrómeda, su lugar de origen.
Nota: Se conservaron detalles de información incorrecta (como la de la Dra. Carol Rosin e Ingo Swann), a modo de ejemplo de los riesgos del uso no supervisado de las IAs (desde la alucinación -mentira no mal intencionada-, hasta la franca desinformación y mentira intencional). Asimismo hay material que no se ha podido generar debido a impedimentos específicos producto de filtros de realidad preprogramados intencionalmente (temas tabú -que no se permite mencionar- como Ahnenerbe).
Desde esta nueva sede continuaría la expansión planetaria de una cultura tibetana cuyas raíces, sustentadas en el budismo, se pierden en la noche de los tiempos.
En aquella expedición militar se encontraban personas profundamente vinculadas tanto con el pasado, el presente y el futuro de México y su misión planetaria enlazada a la del Tíbet, a quienes el Lama Taktra Rimpoche les hizo entrega del siguiente mensaje codificado que algunos consideran un enigmático acertijo, otros una profunda revelación y otros una profecía cuyo inexorable cumplimiento está en curso.
Al país de las águilas su reina volverá, la cárcel de la luna precisará romper, guardianes de otros tiempos a su lado vendrán, y unidos todos juntos la batalla darán. Sonámbulos andantes la verán avanzar, y el único despierto su ayuda pedirá, los peores y mejores por ella se unirán, y el agua de los cielos a todos limpiará. A toques del pasado el presente se oirá, más solo en el silencio su voz se escuchará, y en caso de sordera un sacrificio habrá, cuya luz por milenios la ruta alumbrará.
"La mujer dormida debe dar a luz" - Ayocuan
"Regina: Dos de Octubre no se olvida" - Antonio Velasco Piña
Antecedente:
Los lamas afirman que el cuerpo duerme para que el espíritu recuerde, y las técnicas para activar ese recuerdo de manera consciente han sido parte de la sabiduría sobre la vida más allá del cuerpo que durante milenios se han custodiado en los recintos más sagrados del Tíbet. Una sabiduría que solo se transmite de manera directa, de maestro a discípulo, por medio de secretas iniciaciones.
Un tulku es un maestro del budismo tibetano que, tras alcanzar un alto nivel de realización espiritual, tiene el control consciente sobre su renacimiento.
A diferencia del ciclo kármico ordinario, el tulku elige reencarnarse por compasión para preservar las enseñanzas y continuar ayudando a los seres sintientes hasta alcanzar su completa liberación.
Taktra Rinpoche (también escrito como Tagdra, Tagdrad o Takdrak) designa a un importante linaje de tulkus (maestros reencarnados) dentro de la escuela Gelug del budismo tibetano. El más destacado fue el lama Ngawang Sungrab Thutob, tercer Taktra Rinpoche quien sirvió como Regente del Tíbet desde 1941 hasta la invasión por parte de China ocurrida en 1950 y, durante la juventud del actual XIV Dalái Lama (Tenzin Gyatso), fue su tutor principal.
Aquella madrugada en medio de mi sueño, vi aparecer una sutil nubosidad azulada que se colocó al lado de mi cama. De ella surgió un ser etéreo que me dijo.
—Ha llegado el momento de contemplar una enseñanza que pocos hombres han visto y aún menos han comprendido. Sentí que mi cuerpo se volvía tan ligero como el humo del incienso.
La habitación desapareció y ascendimos por encima de montañas, glaciares y nubes, hasta que los Himalayas surgieron bajo nosotros como una inmensa corona de cristal iluminada por la Luna.
Lhasa reposaba en un profundo silencio. El Palacio de Potala parecía una montaña nacida de la roca,
pero nuestro destino no era aquel lugar solemne. Descendimos hacia un edificio más discreto, rodeado por un estanque donde el agua reflejaba las estrellas con la misma quietud de aquellas regiones celestes.
—Éste es el Lukhang —susurró mi guía—, el Palacio de la Serpiente de Agua. Aquí se custodian enseñanzas que no pertenecen al tiempo, sino a la conciencia.
Atravesamos los muros como si fueran una ligera neblina. En el interior no había riqueza que deslumbrara los ojos; el verdadero tesoro vibraba en el aire. Cada mural parecía respirar.
En la cámara principal aguardaban varios ancianos vestidos con sencillas túnicas color azafrán. Ninguno pronunciaba palabra.
Su presencia era serena, pero irradiaba una autoridad que no necesitaba imponerse. Su mirada recordaba a un lago de alta montaña: transparente, inmóvil y capaz de reflejar el infinito.
No asistirás a una ceremonia de poder, sino a un acto de reconocimiento.
Un tulku no nace por el deseo de ser grande, sino por el compromiso de servir.
El maestro levantó lentamente una pequeña lámpara de mantequilla. Su llama no proyectaba sombras; parecía revelar la luz escondida dentro de cada ser presente.
Mientras pronunciaba antiguas sílabas sagradas, advertí algo extraordinario. Desde el corazón del anciano surgieron delicados hilos de luz dorada que se unieron al corazón del discípulo. No era una transferencia de conocimiento como la entienden los hombres. Era el despertar de un recuerdo que ya habitaba en el alma del iniciado.
Los murales comenzaron a brillar. Las figuras representadas en las paredes parecían cobrar vida. Los canales luminosos del cuerpo humano resplandecían como ríos de estrellas, y una inmensa serpiente de agua, formada por pura energía cristalina, ascendía desde el estanque situado bajo el edificio hasta rodear la sala en silenciosa espiral.
Aquella visión era la representación de la conciencia que aprende a fluir sin resistencia entre los mundos visible e invisible.
El joven cerró los ojos. Durante unos instantes dejó de existir el anciano, dejó de existir el discípulo, dejó de existir incluso el templo. Sólo permanecía una inmensa claridad.
Entonces comprendí que la verdadera iniciación nunca consiste en recibir algo nuevo. Consiste en recordar aquello que jamás dejó de existir. Cuando la visión terminó, el maestro apoyó suavemente la palma de su mano sobre la coronilla del iniciado.
En medio de aquella profunda paz enmarcada por un silencio total, mi guía volvió su mirada hacia mí y afirmó. Muchos buscan poderes extraordinarios. Pocos buscan dominar su propia mente. Por eso las puertas del conocimiento permanecen cerradas para la mayoría.
El universo revela sus secretos únicamente a quien ha aprendido primero a guardar silencio en su corazón.
Abandonamos el Lukhang mientras el amanecer comenzaba a teñir de oro las montañas del Tíbet.
Cuando desperté, mi habitación era la misma de siempre. Sin embargo, algo había cambiado. Durante unos instantes cerré los ojos y escuché el silencio.
En él descubrí una enseñanza que ningún libro podía contener: los verdaderos templos no se construyen con piedra, sino con la conciencia despierta; y toda auténtica iniciación comienza el día en que el ser humano deja de buscar la luz fuera de sí y reconoce que siempre ha brillado en el centro de su propio espíritu.
Tan pronto empecé a percibir claramente la intensa energía que ella me estaba proyectando a través de las palmas de sus manos abiertas, fui trasladado a una experiencia de realidad alterna. Una de las cinco "vidas" que, días atrás a través de la antes mencionada canal, me fue anticipado tendría permitido acceder durante aquella sesión.
Todas las vivencias que experimenté ocurrieron en modo inmersión holográfica, es decir a nivel sensorial, auditivo y de visión interna, pero para los propósitos del presente relato, solo será relevante mencionar la primera y la última experiencia ("vida").
La primera ocurría en una realidad de la cultura Maya en medio de una exuberante selva, milenios atrás.
En la quinta y última, fui trasladado a una realidad vinculada a la segunda guerra mundial (WWII) en el contexto de la búsqueda llevada a cabo por miembros del ejército alemán en los Himalayas. La famosa Ahnenerbe (Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia de los Ancestros).
Ambos supimos que la inmersión en el tiempo-sin tiempo había finalizado cuando muy sutilmente el flujo de la energía fue menguando hasta detenerse totalmente y regresé a mi realidad espacio-temporal cotidiana.
Me levanté de la camilla, y permaneciendo ambos en total silencio, simplemente nos despedimos con la muy conocida postura de manos unidas (Anjali Mudra).
Posterior a la antes narrada experiencia con aquella mujer, toda una secuencia de entregas, encuentros y revelaciones empezaría a sucederse a modo de confirmación de lo ocurrido durante la sesión.
Quizá la respuesta es muy simple. No es posible entregar conocimiento a nadie, lo más a lo que se puede aspirar es que un muy modesto intento de entrega de verdades personales, ayude a otros (unos pocos al menos), a recordar una sabiduría que ya existe en las profundidades de su consciencia, y que ello contribuya a la reactivación de su ser interior. Nada más.
En ese espíritu, el presente escrito conformado por una recopilación de eventos personales, es algo así como un diario de vivencias, todas ellas centradas en una temática particular que me ha sido entregada por una consciencia Superior.
La reflexión subyacente a la que invito al lector a mantener en su mente durante el recorrido por lo párrafos de este sitio, es la siguiente.
Si algo de lo aquí plasmado fuera verdadero, al menos en parte.
¿Qué es lo que nos impide colectivamente acceder a dicha sabiduría?.
¿Acaso existe una especie de cárcel planetaria en la que una sumisión basada en la manipulación de la consciencia del ser nos mantiene en el olvido y en una permanente ilusión corpórea que es sostenida por medio de una muy compleja y avanzada maquinaria cósmica?
(Rueda de la vida o de las reencarnaciones)













